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Historia de Arguedas
Del poblado de la Edad del Hierro al castillo árabe de la peña y la villa foral: más de dos mil años de historia a las puertas de las Bardenas Reales.
Cronología
Los hitos que han ido dando forma a la villa, desde los primeros pobladores hasta la Edad Media.
Primeros poblados
Los orígenes de Arguedas son inciertos, aunque probablemente se remonten a la Edad del Hierro: en las cercanías de la localidad se han encontrado restos de varios poblados de ese periodo.
Presencia romana
En el cerro de Castejón se han hallado vestigios de un poblado romano. También se han encontrado restos romanos en otros puntos de la localidad, como «El Balconico de los Moros».
Arguedas andalusí
Los primeros datos cronológicos remiten al pasado árabe de la localidad: sitúan a Ismael Ben Fortún al Tutili como Wali de Tudela y Príncipe de Arguedas.
El castillo de la peña
Durante los siguientes doscientos años se cree que hubo un castillo o alcazaba en la peña, del que surgían unas murallas que abrazaban de forma protectora a una pequeña villa árabe de campesinos y ganaderos.
La conquista cristiana
El rey Sancho Ramírez conquista estas tierras a Al-Ándalus para establecer una posición cristiana junto a las villas moras de Valtierra y Tudela.
Los Fueros
Para atraer pobladores cristianos hacia la villa y su castillo, el rey concedió ciertos privilegios conocidos como «Los Fueros».
Una villa tranquila
La vida de una villa pequeña como Arguedas transcurrió sin grandes avatares, aunque sufrió los reveses de las epidemias, las guerras y las sequías.

El escudo de Arguedas
«Un castillo de plata almenado, donjonado de tres torres —la de en medio mayor, almenada de cuatro almenas, y las laterales de tres—, adjurado de plata entre dos pinos. Por timbre, una corona abierta.»
En las vidrieras de la Diputación Foral el fondo del escudo es de gules, si bien la corona debe figurar como timbre. Ofrece la anomalía de figurar metal sobre metal, algo que contraviene las leyes de la heráldica.
Como ocurre en tantos otros casos, el escudo refleja el origen medieval de la villa: su castillo en el monte, probablemente rodeado de pinos o árboles similares. El escudo actual mantiene el castillo de plata franqueado por los dos pinos, pero sobre fondo rojo.
Curiosidades
Episodios que las crónicas y los archivos han dejado escritos sobre Arguedas y sus gentes.
El Cid Campeador en Arguedas
Algunos historiadores sitúan al Cid Campeador, don Rodrigo Díaz de Vivar, en la batalla que se libró cerca de Murillo de Limas poco después de la conquista de Arguedas y su castillo, en 1084, por Sancho Ramírez. Fue una batalla contra las tropas islámicas que, desde Zaragoza y Tudela, intentaron recuperar tan importante plaza perdida.
Embarazada en las cárceles de Arguedas
Cuentan las crónicas que en 1307 se encontraba encerrada en los calabozos de Arguedas, por ladrona, Elvira de Castro, embarazada de cinco meses.
Permaneció presa cuatro meses, hasta que dio a luz; pasado el parto fue ahogada en el río. En casos como este se solicitaba nodriza para el niño a expensas del rey.
Sanchicorrota, el bandido de las Bardenas
A mediados del siglo XV, mientras Navarra se debatía en la guerra entre agramonteses y beaumonteses, Sancho Rota, apodado Sanchicorrota, y una treintena de hombres se adueñaron de las Bardenas por el terror: saqueos, secuestros y rapiñas en todo el territorio y los pueblos limítrofes.
La situación debió de hacerse insostenible, porque en 1452 Juan II ordenó una batida con más de doscientos caballos que cercó al bandido y a su cuadrilla. El jefe se suicidó con un puñal antes de entregarse; su cadáver fue llevado a Tudela y colgado en una horca.
Un sacerdote indecente
En los archivos eclesiásticos abundan los procesos contra sacerdotes acusados de jugar a la pelota.
Isidro Ursúa, en su «Anecdotario pelotazale del siglo XVIII», cuenta cómo en 1613 el fiscal del obispado de Pamplona se querelló criminalmente contra don Miguel del Busto, beneficiado de Arguedas, que contraviniendo las constituciones sinodales «tiene por oficio y costumbre jugar públicamente en las calles y plazas de la dicha villa a la pelota, alzada la sotana con mucha indecencia…».
La Caramba, la bruja del pueblo
Según cuenta José María Iribarren, a comienzos del siglo XX vivía en Arguedas una anciana a la que todos tenían por bruja: «la Caramba». Contemporáneo suyo había otro arguedano presuntamente brujo, «el Ostión».
Entre los dichos de ambos crearon en el pueblo tal clima de psicosis que no había valiente que en ciertas noches se atreviera a ir al Soto o a dar la vuelta al cementerio.
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